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¿Qué se puede hacer para implantar el teletrabajo?

Formar a los profesionales, adaptar las empresas y generar los entornos adecuados, son los pasos necesarios para que el teletrabajo se pueda implantar como una opción seria.

En primer lugar, formar a los profesionales en el manejo de las nuevas tecnologías. Adaptar los modos y costumbres profesionales adquiridos durante siglos, para que aprovechen al máximo las posibilidades que ofrecen estos nuevos medios.

Enseñarles a organizarse por si mismos y a ser disciplinados en su trabajo. A compatibilizar su vida laboral con la familiar, y conseguir que esto, no sólo no sea un estorbo, sino al contrario, se convierta en estímulo para elegir esta forma de trabajo.


Como se ha demostrado hasta el momento, de nada sirve formar a los profesionales en el uso de las nuevas tecnologías, si luego no pueden encontrar una salida profesional por la escasez de ofertas. Necesitamos por tanto, generar esa demanda demostrando a los empresarios que el teletrabajo es una opción válida y rentable.


La formación empresarial debería empezar por la adaptación al trabajo por objetivos. Que no se valore al empleado por las horas que pasa en el puesto de trabajo, sino por el trabajo que realiza, de esta forma, eliminamos el principal problema para la implantación del teletrabajo: la desconfianza empresarial por la falta de vigilancia.


El empresario no puede ver el teletrabajo como una nueva forma de desentenderse de sus obligaciones para con los trabajadores, ya que la relación laboral es exactamente la misma que se aplica para el trabajo presencial.


Por último, nos quedaría adaptar el entorno donde vive el trabajador. No podemos hablar de nuevas tecnologías y chocar con la falta de medios básicos para el trabajo.
Se están gastando ingentes cantidades de dinero en la creación de telecentros, que con el paso del tiempo se han demostrado totalmente inútiles para la creación de trabajo. Es lógico, el teletrabajador aspira a trabajar en su casa. No quiere cambiar la oficina por un telecentro, que no deja de ser otra oficina.


Entonces ¿qué podemos hacer para favorecer la implantación del teletrabajo en determinadas comarcas? La respuesta es más sencilla y barata de lo que parece: dotar a nuestros pueblos de los medios técnicos, sociales y económicos necesarios para facilitar el asentamiento de teletrabajadores.


Esto se traduce en la creación de telezonas, que al contrario que los telecentros, no definen un lugar determinado, sino un entorno geográfico en el que se aplican una serie de medidas que favorecen al teletrabajador, desde el abaratamiento o la eliminación temporal del impuesto de actividades económicas, a la garantía de que los servicios de suministro de electricidad y comunicaciones, tendrán la suficiente calidad como para permitir el trabajo de un profesional.


Como se ve, ninguna medida es excepcional, ni siquiera cara y, sin embargo, tienen mayor garantía de éxito que los proyectos puestos en marcha hasta ahora.
¿Son las telezonas incompatibles con los telecentros? En absoluto, más bien, son complementarios. Los telecentros debieran entenderse como los lugares idóneos para dar acceso a la población a las nuevas tecnologías y como centros formativos y divulgativos, y en este sentido, no pueden ser más adecuados para la generación de las telezonas.


Está claro que estás medidas requieren cada una de ellas un amplio desarrollo, pero eso no debe ser obstáculo ni servir de excusa para que los cobran por hacerlo no lo hagan.

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