Skip to content Skip to navigation

¿Ha pasado de moda el teletrabajo?

Hasta hace unos meses, no pasaba un día sin que se generara alguna noticia relacionada con el Teletrabajo; congresos, debates, reportajes, documentales; parecía que iba a convertirse en la estrella de las nuevas tecnologías, el fenómeno sociológico por excelencia, y sin embargo, su importancia se ha diluido, su relevancia ha pasado a un segundo plano, aunque la curiosidad que despierta no decrece, sino todo lo contrario.

Quizá la fuerza que impulsó a medios de comunicación y administraciones a interesarse tanto por el Teletrabajo, fue su acepción como remedio al paro, como nueva forma de trabajo, más bien, como la nueva revolución laboral.

La situación del empleo en España, en continuo aumento, ha hecho que una nueva forma de empleo no sea tan importante, junto con el descubrimiento, por parte de los medios de comunicación, de que la tan anunciada revolución, no lo es tanto. No hay un sistema que sustituya al anterior, a lo sumo, una alternativa, pero sólo eso, una más.

Además, cada vez es más frecuente tener un vecino que se pasa la vida en casa y del que no sabíamos nada hasta que alguien nos cuenta que trabaja para una empresa que está a muchos cientos e incluso, miles de kilómetros, pero eso ya no es noticia, porque empieza a ser muy habitual.

Para las instituciones que durante los últimos años apostaron por el Teletrabajo, parece que el interés por el mismo iba unido a las subvenciones europeas, ya que, en cuanto han desaparecido estas, lo han hecho también los numerosos proyectos. Imposible cuantificarlos. En sus momentos de esplendor, había docenas de ellos; ahora descubrimos con tristeza que ni siquiera se hace un seguimiento, ¡claro como se acabó el dinero!

¿Quiero esto decir que el Teletrabajo ha muerto?. En absoluto, muy al contrario, cada vez somos más; cada vez nos integramos con mayor normalidad y quizá de ahí, el que pasemos inadvertidos. No somos noticia porque somos tan normales como cualquier trabajador. No somos distintos del autoventa o del gestor inmobiliario y claro, lo de trabajar con un ordenador, tampoco parece que sea muy noticiable.

Desde nuestro rincón, lo vemos con optimismo, incluso respiramos más tranquilidad camuflados en el anonimato, después de ser mostrados al público como bichos raros durante años.

En cuanto a los proyectos relacionados con el Teletrabajo, es seguro que en cuanto se aprueben las nuevas partidas presupuestarias, aparecerán como hongos, auspiciados por la posibilidad de servir de revulsivo a las recónditas geografías rurales de nuestro país.

Lo que sí sería de desear, es un mayor control de las autoridades comunitarias, para verificar el buen uso de las subvenciones, y sobre todo, que se consigue el fin para el que fueron creadas. No deja de ser, al menos pintoresco, que en proyectos que tenían como finalidad la inserción laboral de determinados colectivos, no se haya conseguido la mejora laboral de ningún alumno, todo esto después de cientos de horas de clase y cientos de millones.

Como siempre, la realidad supera a la ficción, así que los pequeños proyectos realistas y autofinanciados son los que han conseguido salir a flote y hacer del Teletrabajo, algo más que un estudio sociológico.