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El futuro del empleo

Cuando los políticos aparecen voluntariamente en las ruedas de prensa, está claro que tienen buenas noticias que dar porque las malas las lanzan desde un plasma.

En los últimos días hay un diluvio de noticias de mejora económica. Los indicadores muestran el final de la caída –según ellos-, y mientras, los seis millones de parados se preguntan cuándo les llegará el efecto.

Si nos fijamos en el pasado 2013 en España, podemos extraer conclusiones lamentables para el empleo, y a la vez comprobamos que los ingresos para los ricos han crecido muchísimo ¿casualidad? No lo creo.

En las últimas semanas estamos viendo que grandes empresas con buenos resultados económicos están presentando expedientes de regulación de empleo. En la mayoría de los casos van a ser rechazados por la autoridad judicial porque son empresas que están dando beneficios. Estas empresas tienen gabinetes jurídicos bien preparados y mejor pagados, así que no podemos suponer que han hecho mal su trabajo, sino todo lo contrario. Ellos ya saben de antemano que el ERE será rechazado, sin embargo, habrán conseguido lo que querían, meter el miedo en el cuerpo a toda la plantilla de cara a la próxima negociación colectiva.

Lo peor es que lo están consiguiendo. Cada vez que se negocia un convenio es para bajar los salarios… y gracias. Esto hace que para una empresa los costes salariales son menores, la productividad mucho mayor y no digamos los beneficios. De ahí la circunstancia nada casual de que cuanto menos seguro esté el puesto de trabajo, más trabajarán los empleados para defenderlo, menos exigirán y más ganarán los empresarios sin conciencia.

En el caso de las grandes empresas el tema es aún peor. No podemos ponerle cara a los propietarios, que en muchos casos son accionistas con ansias especuladoras, y poco o ningún conocimiento de la empresa o el producto que se fabrica, así que tampoco les importa el trabajo que desempeña cada trabajador en la empresa. Son simples costes que van a mermar la columna de los beneficios.

Lo peor es que no creo que podamos volver a la situación anterior. Los logros sociales van contra la cuenta de resultados de los accionistas, que a su vez, lo son de los bancos que disponen de los fondos para financiar las empresas; y cierran el círculo con el control de las empresas energéticas imprescindibles para que funcione la industria, y por supuesto, con el poder político que hace posible que las leyes respalden todo este entramado.

Nos lo han dejado claro, el modelo al que aspiran es el alemán, donde se han impuesto los minijobs gracias a la inexistencia del salario mínimo. Y si buscamos en Internet podemos encontrar en España portales que ofrecen tareas por las que los trabajadores tienen que pujar a la baja. Así que cuando se acerca el fin de mes y hay que pagar muchas cosas, entre otras, la cuota de autónomos imprescindible para trabajar, vemos que la gente está dispuesta a trabajar aunque sea perdiendo dinero… y dignidad.

Ante este panorama hay que volver a recordar la importancia del contrato emocional. En una pyme o mejor micro-pyme al menos el empresario sabe lo que haces, aunque tal como están las cosas, tampoco eso es una garantía si puede reemplazarte por alguien que haga tu trabajo por la mitad de sueldo.