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El expediente académico ya no es tan importante

Cualquiera que lleve unos años trabajando se da cuenta de la escasa relación que tienen las notas obtenidas durante la carrera, con el desempeño de las labores profesionales.

Memorizar libros enormes para responder correctamente en los exámenes te permite obtener matrículas de honor, pero no garantiza que adquieras los conocimientos necesarios, porque no se evalúa la comprensión y el desarrollo de ideas propias, sino la memorización, en una época en la que con un teléfono puedes consultar en décimas de segundo sobre cualquier tema.

Así, nos encontramos profesionales con los que es imposible mantener una conversación sobre determinados temas, ya que son incapaces de apartarse de lo que dicta la norma, sin el más mínimo resquicio para la creatividad y la interpretación, lo que está bien –sin duda-, para mozos de almacén y cajeros de banco, pero limita mucho para otros trabajos.

Cuando uno ve muchas de las aplicaciones de gestión que hay instaladas en las empresas se da cuenta de la poca lógica práctica y el poco conocimiento de sector que tenía quien la analizó, suponiendo para los sufridos usuarios más un problema que una ayuda, y es que muchos de los que realizan estas aplicaciones tienen excelentes currículum, pero no saben nada del funcionamiento de una cadena de producción o un almacén, pero lo peor es que tampoco se molestan en aprender, porque piensan que son los demás los que deben adaptarse.

La ventaja de los desarrollos informáticos sobre cualquier otro campo es que no hay mentira que se sostenga. Un programa funciona o no funciona. Dan igual las matrículas de honor del programador. Lo que importa es entender como debes programar para producir algo útil.

En muchos otros sectores de la empresa ocurre lo mismo. De qué sirve un brillante expediente si tienes que dirigir la administración de una empresa y desconoces la normativa actualizada sobre facturación.

Evidentemente hay campos en los que sí es muy importante el expediente, por cuanto su desarrollo de basa en el conocimiento y memorización de muchos valores, por ejemplo en medicina, donde además, en la mayoría de los casos la disponibilidad de un título acredita que se dispone de los conocimientos suficientes para tratar un paciente. Otra cosa puede ser el resultado.

En resumen, la carrera universitaria te da un alto nivel de conocimiento sobre un área concreta, pero muy poco sobre su aplicación al mundo “real”, así que es la formación continua la que te permitirá estar actualizado.

Cada vez más empresas se dan cuenta de esto y lo aplican, aunque para la mayoría sigue siendo más cómodo contratar titulados que evaluar el trabajo. En cualquier caso os dejamos un interesante artículo al respecto.